Tengo la tremenda suerte de poder pasear algunas mañanas de primavera, mientras hago una parada para tomar café en alguna cafetería con terraza del barrio, disfrutando de su decadencia y sus esquinas soleadas.
Allí solo estamos sentados gente con muchas ganas de aprovechar el día. Viejos, pintores, albañiles, jóvenes parados, currantes de los locales vecinos y un puñado de freelances con barbas y tatuajes, seguramente dedicados al diseño gráfico. Aquellos que sabemos que esta estación no dura mucho, y que cargar las pilas saboreando sus mañanas no es ninguna tontería, pues son esos momentos los que hacen que el resto del día sea aún mejor de lo esperado y nuestro trabajo diario salga mejor por la buena dosis de buen rollo y cafeína.
Son otras cosas también las que me mantienen con buen humor estos últimos días.
Allí solo estamos sentados gente con muchas ganas de aprovechar el día. Viejos, pintores, albañiles, jóvenes parados, currantes de los locales vecinos y un puñado de freelances con barbas y tatuajes, seguramente dedicados al diseño gráfico. Aquellos que sabemos que esta estación no dura mucho, y que cargar las pilas saboreando sus mañanas no es ninguna tontería, pues son esos momentos los que hacen que el resto del día sea aún mejor de lo esperado y nuestro trabajo diario salga mejor por la buena dosis de buen rollo y cafeína.
Son otras cosas también las que me mantienen con buen humor estos últimos días.
Pero algunas otras, como volver de ese desayuno y poder recoger de casa la cámara y salir a fotografiar lo que tanto me ha gustado mientras tomaba ese café... esas, me dan la vida.
Me despido disfrutando de la primavera más nunca.
Fotografía: Mercedes Pérez
Abril 2013